El ser humano, en general, tiene una predisposición especial para mirar al pasado con ojos lastimeros, hacer balances apocalípticos y proponerse nuevas metas para el futuro; y es que mirar atrás no esta mal si lo hacemos solo para tomar impulso y continuar, lo pasado, pasado es, y la vida me ha demostrado que nunca vuelve.Sin embargo, a una semana de mi 22 cumpleaños no puedo por menos que bañarme en mi nostalgia, una nostalgia que vuelve la mirada hacía el pasado, hacia mis orígenes, hacia mi esencia, a lo que en definitiva forma parte de cada uno de nosotros.
Y es que quién no recuerda una edad de su vida con especial cariño, ese el caso de mis 17 años, época de descubrir y disfrutar sin preocupaciones ni problemas, época de libertad casi total y sobre todo época en la que muchas personas hicieron que esa y no otra, sea la edad que mas recuerdo.
Lo reconozco, yo fui de botellón, dormí en un banco de Plaza mayor de Valladolid, vomite por la ventanilla de un coche en pleno Paseo Zorrilla, me pire las clases más de una vez y más de dos, llegue tarde a casa en mil ocasiones y mis tutores me echaron de clase mil y una veces.
No obstante, estoy orgulloso de en lo que me he convertido, y es que todos tenemos derecho a hacer el tonto si sabemos no perder el norte de nuestro futuro; hoy me siento contento con todo lo que hago, creo que, a pesar de todo, la vida se porta bien conmigo, y doy gracias por ello, es posible que esta sea mi nueva etapa de Nostalgia para el futuro.
Por eso quiero mirar adelante, ya que en 7 días cumpliré mis 22, y, coño, solo se cumplen una vez ¿No?





